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Abr3
Analistas, despertad o volveréis a equivocaros
La profundidad de la crisis económica y de mercado en los últimos 12 meses ha desnudado a muchos gestores que, al igual que el Mago de Oz, se han escondido detrás de la cortina de la estrategia de comprar y mantener (Buy and Hold) cuando han fallado en reconocer el impacto en muchas de las empresas que admiraban…
“En muchos casos, su análisis estaba equivocado, las circunstancias cambiaron demasiado rápido y no pudieron reaccionar, o estaban paralizados por la inercia. Y han pagado el precio de enormes pérdidas latentes”.
Doug Kass, comentarista de RealMoney.
Estoy totalmente de acuerdo con este comentario de Doug. Y lo digo con la tranquilidad de pertenecer a una empresa que empezó a vender la renta variable en verano de 2007, que protegió a sus clientes de las fuertes pérdidas de 2008, que atraviesa las turbulencias de 2009 sin un daño importante y que volvió a comprar la renta variable en marzo. Ahora la pregunta es si los analistas repetirán o no el mismo error aunque en sentido contrario al de 2008: ignorando el mensaje del mercado y siguiendo la inercia del consenso de los últimos meses.
El sentimiento general entre los analistas fundamentales es que la recuperación actual de las bolsas no es fiable. No lo es porque el fin del trimestre favoreció el maquillaje de las carteras, o porque la economía global está demasiado débil para sostener un rally global, o simplemente porque más allá de los esfuerzos de los gobiernos, las noticias empresariales seguirán siendo malas durante otro par de trimestres, cortesía de las dificultades recurrentes del sector financiero tal como ponen de manifiesto agoreros como Roubini, Krugman o Stiglitz en Estados Unidos.
¿Por qué me siento incómodo?
Con todo el respeto que merecen estos nombres gloriosos, cada vez me siento más incómodo con estos argumentos. No porque piense que tienen o no razón, sino porque creo que son totalmente irrelevantes para entender a las bolsas en los próximos meses. Y me siento incómodo por tres razones principales.
En primer lugar, hubo en marzo un fuerte movimiento entre los inversores más agresivos para abandonar las apuestas por la deflación y pasarse a la reflación. Esto proporcionó el impulso inicial al mercado cuando los hedge funds y otros asesores -Bolságora incluido- cerraron los cortos en renta variable, cambiaron los sesgos de trading en divisas y estabilizaron los precios de las materias primas. Todo esto significa una presión bajista cada vez menor sobre la renta variable internacional, como señalan los indicadores técnicos correspondientes.
En segundo lugar, estamos entrando desde finales de febrero en el periodo en el que las bolsas pueden tratar de adelantar algún tipo de recuperación de la economía real. No insistiré porque sé que la relación entre las bolsas y el ciclo empresarial es demasiado inestable para ser predecible de forma fiable. Basta decir que muchos indicadores económicos adelantados están estabilizándose o mejorando y que las bolsas pueden estar en mejores condiciones para reflejar eso en los precios.
En tercer y último lugar, no me puedo olvidar del tremendo esfuerzo de la Fed y el Tesoro de EEUU para poner un suelo a la caída de la bolsa través de la expansión del balance de la Reserva Federal y la monetización de la deuda.
Recuerden lo que hemos llamado aquí el efecto kétchup: el estímulo monetario y presupuestario puede tardar meses en tener impacto en el mercado, pero una vez que éste empiece, nos sorprenderemos del efecto de bola de nieve del monstruoso esfuerzo de EEUU por reactivar la economía global.
Hay que adaptarse al medio
No quiero que el lector deduzca de mis comentarios que pienso que la economía global está ahora en el camino de una recuperación sostenible en el medio/largo plazo. No me lo creo porque todavía están en juego fuerzas estructurales que presionan a la baja el crecimiento, una vez descontado el grueso del estímulo económico de los gobiernos.
Pero lo que sí me creo es que hemos llegado a una situación en la que la ecuación de la renta variable favorece una toma de riesgo moderada, y sobre todo controlada, para los inversores que tuvieron la sabiduría o la suerte de no quemarse en 2008.
No me cabe duda de que los firmes seguidores de la teoría del buy and hold -comprar y mantener- encontrarán mis argumentos débiles y muy alejados del análisis empresarial como para tomar decisiones de inversión. No hay más que ver, por ejemplo, el número de recomendaciones negativas que salen estos días de los brokers. Pero, ¿todavía están en el juego?
Me encuentro claramente en el campo de los que creen que la estrategia de comprar y mantener no es la adecuada para aprovechar las oscilaciones que nos reserva la renta variable en los próximos años.
Puede que el Buy and Hold no esté muerto, pero operar a corto/medio plazo con más flexibilidad, más atención en los precios en bolsa y menos preocupación para los factores fundamentales de las empresas me parece un camino más fecundo para tener éxito en los próximos años. El análisis fundamental debería adaptar su forma de pensar.
Alain Galibert es consejero delegado de Bolságora
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