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Nov27
Por favor, sean agnósticos o no sobrevivirán
Filed under: Opinión; Tagged as: deflación ignominia, período inflacionista, recuperación sostenible, reflación mundial¿Es usted de los que teme a la deflación y confían en una reflación mundial que rescate las bolsas? Si es así, le prevengo del riesgo de no estar en sintonía con el mercado durante bastante tiempo. Primero, porque nadie sabe durante cuánto tiempo la reflación fiscal y los rescates mantendrán una recuperación sostenible. Segundo, porque la propia deflación puede esconder algunas oportunidades decentes para los inversores que se atrevan a aprovecharlas. Mi primer argumento es obvio para cualquiera que piense que unas cifras de PIB más sólidas no bastarán para restablecer las expectativas a largo plazo. Mi ‘tolerancia’ con la deflación es más difícil de entender. Déjenme que se lo explique..
Para la inmensa mayoría de los comentaristas, la deflación es la ignominia por excelencia, y Japón es su frustración moderna: una ‘edad de hielo’ sinónimo de depresión y destrucción de valor, algo aterrador para los inversores pero, felizmente, excepcional en la historia moderna. No comparto esta opinión. Evidentemente, la deflación es una amenaza muy seria para el crecimiento y la estabilidad a medio plazo. Pero otra cosa muy distinta es cómo puede lidiar un inversor con sus consecuencias.
Recuerden que las economías eran más deflacionistas que inflacionistas hasta mediados de los años 50. Entonces llegó el gran período inflacionista –con su hija, llamada ‘estanflación’ en los 70- y luego la ‘contrarreforma’ que comenzó en los 80 en Estados Unidos bajo el mando de Paul Volcker. Lo que estamos experimentando ahora supone el retorno al régimen dominante en la economía mundial antes de la Segunda Guerra Mundial, y no una desviación excepcional de la norma. En otras palabras, la tendencia natural del capitalismo es la deflación, no la inflación y lo que vivimos ahora es la consecuencia lógica de los años de globalización y de falta de regulación internacional. Puede que tardemos años en eliminar la amenaza, incluso si el ‘activismo fiscal’ de los gobiernos puede crear falsas esperanzas en el corto plazo.
Los inversores suelen contemplar la deflación como un mundo de ‘cero oportunidades’, y no es verdad. La deflación suele significar menor crecimiento económico, pero no siempre depresión. Incluso Japón en los 90 experimentó períodos de crecimiento apreciable en términos reales. Lo que no admite duda es que la deflación cambia la medida del valor para los inversores. Los bonos soportan el riesgo de inflación y las bolsas soportan el riesgo de los beneficios empresariales. Si asumimos que la inflación converge en cero, la rentabilidad de los bonos debería adaptarse y cotizar entre (casi) cero y el 2%. Algo que no parece muy atractivo, salvo que los precios estén cayendo: entonces, las rentabilidades reales suben, lo que es bueno para los inversores en deuda.
También está equivocada la visión de que las bolsas son ‘dinero muerto’ durante la deflación. Hasta en los años 30, durante la Gran Depresión, el Dow Jones duplicó con creces su valor entre 1932 y 1934, y logró una respetable subida del 90% entre 1935 y 1937. En los 90, el Nikkei se movió en una banda entre 13.000 y 20.000 puntos durante siete años antes de hundirse por debajo de 10.000 en 2001. Operar en este mercado fue fructífero, incluso para los inversores de medio plazo. ¡Lo sé porque yo lo hice!
¿Qué significa todo esto para nosotros? En pocas palabras, que deberíamos dejar de gastar energía en prever el apocalipsis o en predecir cuándo empezará el nuevo mercado alcista. No lo sabemos, no tiene sentido y probablemente es muy frustrante para todos los que tienen prisa para recuperar sus pérdidas. Prefiero no morir en busca de la tendencia perdida, acortar mis expectativas, adaptar mi estilo de inversión y operar en el mercado tal como es: perdido durante varios años, pero preparado para grandes ganancias cuando los inversores se den cuenta de que la deflación puede esconder sorpresas entre los escombros del último ciclo alcista. Sé agnóstico y léase el último ‘Wall Street’ que publica Ainhoa en el EcoTrader. No estoy de acuerdo con todos los argumentos del veterano Barton Biggs pero me gusta el pragmatismo de su conclusión
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